Muerte de la Palabra-Carne

Orquesta 2.2.2.2-4.2.3-Timp-7.6.5.4.3 – 2025 – 15′

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Muerte de la Palabra-Carne fue un encargo de la Orquesta de la Universidad de Cádiz para su concierto de Semana Santa 2025. El encargo contó con el apoyo de, la Real Academia de Bellas Artes de Cádiz, Lo Suyo Producciones y un conjunto de particulares anónimos de España y Países Bajos

La obra toma como inicio la catástrofe natural narrada en el evangelio de Mateo para luego remontarse al inicio del relato y seguirlo de forma más o menos lineal. Por el camino, la violencia inicial, explosiva, deviene poco a poco en violencia exhausta, sin energía.

La obra, semilla de un proyecto mayor en preparación, se fija en detalles de gran potencial sonoro, como las menciones a los golpes en el pecho, las diferentes menciones a tejidos rasgándose, los paisajes sonoros de la noche o el temblor de la tierra. Cuando se intentan seguir de forma simultánea cuatro relatos que en ocasiones difieren a la hora de ordenar o presentar eventos se acaba incurriendo en una suerte de razón onírica donde a menudo se subvierte la linealidad y la lógica de los acontecimientos.

Otros elementos han sido traducidos del relato de manera simbólica atendiendo a diferentes códigos de correspondencias. La pieza es así una exploración expresiva de las capacidades representativas de la música y de la tensión entre arte y codificación.

 

Estreno

Gran Teatro Falla, 12 de abril de 2025

 

Crítica

José Antonio Hernández

«Es una propuesta valiente y arriesgada, que nace de una personal lectura de los textos narrados por los evangelistas sobre la Pasión de Jesucristo en la que la música emitida por los instrumentos se combina con otros sonidos que evocan momentos de los pasajes evangélicos.»

 

Enrique Goberna García

«PRIMER ACTO: LA SORPRESA
La primera sorpresa llegó nada más empezar. En el punto de venta de las entradas solo se anunciaban dos obras: la Sinfonía n.º 4 en La mayor, op. 90, conocida como “Italiana” de Felix Mendelssohn, y el Stabat Mater de Gioachino Rossini. Así que uno va predispuesto a encontrarse con el clasicismo luminoso de Mendelsshon y romanticismo vocal de impronta operística. Sin embargo, el concierto arrancó con algo completamente diferente. ¿Cómooo? ¿Cualo?

En lugar de los acordes cristalinos y célebres de Mendelssohn, nos encontramos con una obra de lenguaje radicalmente contemporáneo, casi experimental. Evocaba la técnica orquestal y los cambios rítmicos de Stravinsky, recordaba por momentos a Schönberg, a Bartók, e incluso ciertos pasajes atonales que remitían a Penderecki. Y yo a cuadros.

La obra estaba claramente estructurada como una pieza programática, con elementos que sugerían episodios de la Pasión de Cristo: flagelación, armonías y disonancias que evocaban tensión y dramatismo, ropas desgarradas, el macabro sonido de los clavos en la cruz, quizá la evocación del terremoto que, según los Evangelios, siguió a la muerte de Jesús. No tenía referencias, no podía identificarla. Era como una «Consagración de la primavera» sacra. Y sin embargo, me atrapó.

La reacción del público era una incógnita: la pieza era exigente para oídos no preparados. Me temí lo peor, como otras veces en que lo inesperado descoloca. Pero no: al finalizar, el teatro estalló en una ovación rotunda y cariñosa. Obviamente algo se me había escapado, pero no parecía que se hubiese escapado a buena parte del público.

En el intermedio supe que se trataba del estreno absoluto de «Muerte de la Palabra-Carne», obra del compositor gaditano Manuel Sánchez García, escrita expresamente para este concierto. Pues vale. Ahora me lo explico todo. Una obra brillante, que me gustaría volver a escuchar con más atención, que en esta ocasión estaba más enfocado en descubrir de qué obra y compositor se trataba.»